¿En qué debo fijarme antes de comprar una silla de ruedas manual?

 

Consejos para comprar una silla de ruedas

Nadie quiere tener que enfrentarse a la difícil tarea de comprar una silla de ruedas. Básicamente porque hacerlo implica que esa persona o algún miembro de su familia disponen de movilidad reducida. Pero lo cierto es que, en ocasiones, uno se ve obligado a tener que adquirir un soporte de estas características y, por tanto, a decidir entre varias opciones. En esos casos, como en cualquier otro que implique la compra de un producto de primera necesidad, es conveniente saber qué factores debemos tener en cuenta antes de comprarla. Lo es para garantizar la comodidad del que vaya a tener que utilizarla pero, también, para evitar lesiones o accidentes que se deriven de su incorrecta elección.

  • Tamaño de las ruedas traseras. Existen dos tipos de ruedas traseras: las grandes –de unos 60 cm- y las pequeñas –de unos 20 cm y ligeramente superiores a las ruedas delanteras-. La elección entre un modelo u otro dependerá de la fuerza que tengamos en los brazos para desplazarnos sin necesidad de la ayuda de un tercero.  Si podemos propulsarnos por nosotros mismos, optaremos por la primera opción y si, precisamos de otra persona para que nos desplace, nos decantaremos por la segunda.
  • Cubiertas de las ruedas. Podemos encontrar cuatro tipo de ruedas en función de su cubierta: las macizas, las de inserto sólido, las neumáticas y las tubulares. La diferencia entre unas y otras radica, sobre todo, en aspectos como la resistencia, el peso, el mantenimiento o la amortiguación de la silla de ruedas. Mientras que las macizas y las de inserto sólido no precisan de mantenimiento y ofrecen bastante resistencia al rodar, las neumáticas o las tubulares, sí que requieren de una revisión periódica (se pueden pinchar, hay que vigilar la presión de las ruedas…). ¿A su favor? Son más ligeras y de fácil conducción, ya que se adaptan a los accidentes del terreno.

Si queremos autonomía, deberemos optar por ruedas traseras grandes

  • Aro. El aro es el soporte que nos ayuda a propulsarnos y a disponer de autonomía en la silla de ruedas. El material del que está hecho, así como la existencia de proyecciones, definirá tanto su peso como su agarre. Los aros fabricados en aluminio o titanio son más ligeros que los que están elaborados en acero, por ejemplo.
  • Material del armazón. El material con el que está fabricado el armazón de la silla de ruedas nos ofrece información acerca de su resistencia, pero también de su peso y su precio. El acero, por ejemplo, es un material de gran robustez pero que, quizá por eso,  pesa más y requiere de mayor fuerza para desplazarlo y plegarlo. El aluminio, por el contrario, es un material más ligero que el acero normal. Su peso no supera los 12 kg  y suele estar revestido de un material, el Kevlar, que protege su estructura y mantiene su característica principal: la ligereza. No es tan económico como el acero, pero a cambio es mucho más liviano y fácil de plegar y transportar. Entre un material y otro, encontramos las sillas de acero ligero. Su peso oscila entre los 11 kg y los 17 kg y su precio, como es de esperar, suele ser inferior al del aluminio y superior al del acero normal.
  • Ancho de la silla de ruedas. La amplitud del asiento está íntimamente ligada a la complexión de la persona que deberá utilizarla. Si es delgada, deberemos optar por una silla de ruedas que no supere los 40 cm; si es de complexión media, por una que no sobrepase los 44 o 45 cm y, si es robusta, por una de 45 cm en adelante.